DE JULIO CUEVAS-POEMAS DE TIERRA ADENTRO-Por Gerardo Javier Castillo
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Poemas de Tierra adentro, de Julio Cuevas
por GerardoCastilloJavie
sábado, 13 de diciembre del 2008 a las 21:39guardado en De Julio Cuevas, Poemas De Tierra Adentro
Desde el punto de vista de la crítica de José Martí, la crítica se puede reducir al "ejercicio del criterio". Esta concepción de Martí es el resultado de su búsqueda de la armonía entre los diferentes aspectos que conforman la realidad. Y en esa aventura en la que me enfrasco cuando me planto ante mis estudiantes con el fin de guiarlos a través del análisis de una obra literaria, mi recurso mágico, mi llave maestra, es esa idea de José Martí que me permite devolverle a los jovenes estudiantes la confianza suficiente para que puedan dar el paso y balbucear algunas ideas o redactar con menos timidez algunos párrafos.
En apego a ese principio tan sencillo y elemental que nos legara José Martí, me permito afirmar que la poesía de Julio Cuevas, como es natural a la literatura que yo considero auténtica, es el resultado de la confrontación del artista con su época, lo que incluye, por supuesto, las estéticas que permean al autor. Y Julio Cuevas, un hombre de carácter y aguerrido, se ha plantado ante los aportes de su época, se ha platantado ante las incongruencias sociales y se lamenta ante la pobreza del espíritu.
Y es natural, toda la poesía, todo arte en fin, es una respuesta del autor a otra poesía, a otro arte al que considera preciso aquilatar o destruir.
En el caso de Poemas de tierra adentro, Julio Cuevas enfrenta a Pedro Mir y su Hay un país en el mundo. Pero no lo hace con el fin de anularlo. La poesía de Julio Cuevas reafirma y valida la de Pedro Mir. Ya lo dijo un crítico ruso: nada influye más en libro que otro libro. Pero como señalé antes, la poesía de Julio Cuevas es una respuesta a ciertos aspectos y zonas de la poesía de Pedro Mir. Julio establece un diálogo respetuoso, coincidente y contestatario con Pedro Mir.
Ofrezco un ejemplo. El segundo poema del libro Poemas de tierra adentro, Julio Cuevas, en un poema dedicado a su padre y a todos los agricultores, dice:
Ustedes han domado el cimarrón lenguaje de la
bayahonda
y la guasábara,
y con la fluvialidad de su copla de yerbabuena
y albahaca
han encendido la chimenea de la alborada.
Ustedes han preñado el vientre de la tierra
y al engendrar el fruto del futuro y la esperanza
pueblan los ojos de la patria
de abnegación y poesía.
Ustedes descifran los secretos de la lluvia,
de los ríos y del viento,
y en su circular calendario de cielo y estrellas
advierten el vegetal tamboreo del tiempo.
Cuando su azada sangra en el zurco,
se acrecienta de tullidas auroras
mi terrosa palabra. (Fragmento).
Con estos versos parece responder a Pedro Mir, quien en Hay un país en el mundo, dice:
Faltan hombres
pra tanta tierra. Es decir, faltan hombres
que desnuden la virgen cordillera y la hagan madre
después de unas canciones.
Madre de la hortaliza.
Madre del pan. Madre del lienzo y del techo.
Madre solícita y nocturna junto al lecho...
Faltan hombres que arrodillen los árboles y entonces
los alcen contra el sol y la distancia.
Contra las leyes de la gravedad.
Y les saquen reposo, rebeldía y claridad
Y hombres que se acuesten con la arcilla
y la dejen parida de paredes.
Y hombres
que descifren los dioses de los ríos
y los suban temblando entre paredes. (Fragmento)
Esta poesía, conversacional y cotidiana; rítmica y auténtica, es también terriblemente seria y vehemente; comprometida e imprudente. Y hay más. La poesía de Julio Cuevas coloca sus linderos tan próximos a la objetividad que con frecuencia estructura el poema apegándose al rigor del texto expositivo. Es fácil de observar en su poema "Canto a San Pedro de Macorís".
Pero, aún más significativo que la actitud del poeta ante su tiempo y ante la poesía de su tiempo; más importante aún que la discreta búsqueda de estructuras y cadencias es la recuperación de lo auténticamente nuestro y cotidiano lo que le da la grandeza a este libro.
En Poemas de tierra adentro, Julio Cuevas se pone de pie ante nuestras primarias tradiciones y rituales, desde el té de cuaba hasta el canto profundo del conuco y la academia. Todo lo elemental y cotidiano cabe en esta poesía. Todo lo vivo y serio, todo lo sudoroso y grave. Poesía honesta y elemental como las aguas.
Gerardo Castillo Javier.